Hay muchos blogs y muy buenos, dedicados a lo que se conoce como rock nacional, a su historia y difusión de canciones, grupos y discos.
No pienso competir con ellos... sería infructuoso para mí y carente de sentido.
Lo que pretendo en este espacio es compartir una serie de rarezas, anécdotas varias y dulzuras eternas, que he ido descubriendo en este camino de tratar de conocer mejor a los hombres detrás de los ídolos... cuestiones que los hacen más humanos y más grandiosos a su vez...
Espero lo disfruten, yo por cierto lo haré...
"Bienvenidos al tren"

domingo, 30 de mayo de 2010

Pequeños milagros...

La cocina es amplia y frente a la mesada hay un cocinero atribulado, pendiente de que todo salga bien. Delantal, vincha roja ancha en vez de gorro como parte de su atuendo, y el pelo atado con una gomita. A veces suele quemarse las manos con el horno. "Es por culpa de los biorritmos, como les pasa a los pilotos de avión", dice, y promete comprarse unos guantes. Parte de sus elementos de trabajo son un juego de cuchillos profesionales y una mesada  de más de un metro cuadrado colmada de especias, pintada a la laca roja por él mismo.
Su asistente es, claro, Aníbal "la vieja" Barrios, atento y siempre cordial con todos.
La música de fondo que sale de un minicomponente se mezcla con las voces del fotógrafo Eduardo "Dylan" Martí, el técnico de sonido Toro Martínez y el músico Machi Rufino, que en dos mesas unidas comen una picada mientras descorchan un vino tinto.
En el estudio, sus hijos Dante y Valentino están chequeando unas tomas de grabación con el técnico y tecladista Rafael Arcaute, y se agregarán al grupo cuando las chuletas al wisky con arroz estén listas.
Cuando el cocinero llama a la mesa, advierte: "No quiero que quede nada en el plato". En el ambiente se habla de todo y se gastan bromas. "La Vieja" recuerda la simpleza con que B.B. King hizo en Buenos Aires la prueba de sonido de su guitarra Lucille. Y el Toro explica por qué el grito de John Lennon en el comienzo de "Mr. Moonlight" se escucha un segundo antes de que adquiera volumen el tema. En parte, esto anticipa la sobremesa. Y da lugar a la típica charla sobre Los Beatles en donde, como suele ocurrir, se produce el previsible desborde de elogios y recuerdos.
Para los postres, el cocinero, sentado en la cabecera, se levanta y vuelve con una de las guitarras que descansan en un sofá. Entonces, canta en un susurro: "este día empieza a crecer/ voy a ver si puedo correr"... El silencio naturalmente concertado se quiebra enseguida con las voces de Dylan y el Toro que están a ambos lados del cocinero y discuten acerca de en qué disco y año fue grabada la canción.
Como sucede en las ruedas de amigos, quien canta pasa por momentos a un segundo plano. Sin embargo, el intérprete sigue concentrado tratando de no equivocarse con la extensa letra, mientras sonríe consciente de lo que está pasando. Es evidente que disfruta de la situación, especialmente cuando Dante, que junto a Rafael y Valentino lo escucha atentamente, le dice: "¡Qué buena que está ésta, papi!".
Luego toca varios temas de su disco Silver Sorgo y, A veces, busca los acordes mientras va cantando. Al terminar un tema el Toro le dice: "La verdad, Flaco, que si yo fuese una mina y vos te ponés a cantar así harías cualquier cosa conmigo". Todos se ríen a carcajadas, sobre todo porque la frase fue pronunciada por la voz aguardentosa del técnico.
El improvisado repertorio deriva, inevitable, a temas de Los Beatles. Entonces todos cantan. El cocinero, entusiasmado, para en la mitad de un tema para aclarar: "Vieron que éste era el acorde que hacían ellos. No como lo tocábamos nosotros".
La sobremesa se extiende y algunos se sirven una copita de wisky. Dylan, con sarcasmo, provoca a los beatlemaníacos: "Yo voy a formar un comando para ir casa por casa y confiscar todos los compacts de Los Beatles". El cocinero mueve la cabeza, se muerde su labio inferior y se ríe. Pero sigue cantando...
("Martropía, conversaciones con Spinetta" - Juan Carlos Diez)

3 comentarios:

lapelicana dijo...

Quisiera ser por un rato una pequeña arañita, en un rincón de esa cocina, para poder ser testigo de esas charlas... =)

Santiago Segura dijo...

Te superjuro que hoy, justo hoy, agarré Martropía para releerlo y en el viaje de vuelta (llegué) quedé en esta página, ese relato, inconcluso. Lo terminé de leer aquí y ahora.

lapelicana dijo...

Qué bueno!!! y qué loco, que hayamos coincidido en el relato.
Gracias por pasar =)
Besos